5 hábitos y lecciones vitales a recuperar de nuestra niñez

La niñez es una etapa donde prima la intuición sobre el conocimiento, la naturalidad y la sencillez vital sobre el artificio y el ego. Tenemos miedos sí, pero vivimos libres de traumas y complejos. El tiempo corre más despacio y la curiosidad es la brújula que orienta nuestros actos. Cada día experimentamos muchas “primeras veces” con las intensas emociones que eso conlleva. Las preocupaciones son más sanas y la ingenuidad es seña de identidad. Nuestro mundo infantil es un microcosmos ajeno y lejano del mundo de los mayores. Hoy tengo 40 años. Y el mundo ha cambiado mucho desde que dejé de ser un niño. Bueno, yo también he cambiado mucho. Miro a mi alrededor, analizo la sociedad en la que vivimos, y me doy cuenta que nuestro modelo desprecia las lecciones vitales que nos ofrece la niñez (también las de vejez). La sociedad y la cultura no sólo borra cualquier vestigio de nuestra etapa infantil, sino que trata de acelerar la infancia de nuestros niños y convertirlos en adultos pequeñitos. Entonces busqué hábitos y lecciones vitales de la niñez que fuesen útiles para hacernos un poco más felices, más libres y menos adultos. Y para los que tenemos hijos, ayudarnos a entenderles mejor poniéndonos en su lugar, y proteger esa maravillosa etapa que es la infancia. Crecer y madurar sólo es cuestión de tiempo. No aceleremos el crecimiento criando una generación de niños “transgénicos”. La Naturaleza y el Universo se toman su tiempo. Por algo será.

 

#1 Vuelve a jugar con juguetes.

¿Hace cuánto que no juegas con juguetes? Que no te sientas en el suelo con ellos y te dejas llevar. ¡Vuelve a jugar! Si aun conservas juguetes sácalos del trastero. Si tienes hijos juega de verdad con ellos. Y si no tienes hijos o juguetes ¡compra alguno!. Sí, cómpralos para ti. Ponte en modo niño y verás lo gratificante que será la experiencia. Para jugar recuerda que es necesario que imagines una historia, una aventura donde los juguetes son los actores y tú el director, no el público. Este ejercicio es relajante y estimula nuestra imaginación y flexibilidad mental. Pero también nuestra flexibilidad corporal porque nos reconcilia con el “suelo” a través de posturas que teníamos olvidadas.

 

#2 Experimenta de nuevo la emoción de “primeras veces”.

Hay que romper con las rutinas y con lo mismo de todos los días, de todos los fines de semana, de cada añonuestro cerebro necesita experimentar cosas nuevas para no atrofiarse y crear nuevas conexiones neuronales. Para eso qué mejor que recuperar la magia de las “primeras veces” que experimentábamos de niños. Puedes comenzar introduciendo novedades en las cosas más sencillas (probando comidas nuevas, otros libros y autores…) hasta llegar a cosas más grandes. Si implicas a tu pareja, a tus hijos, a tu familia o amigos será divertido. Las “primeras veces” también incluyen aprender cosas nuevas. Emprender nuevos proyectos. Volver a estudiar… las posibilidades son infinitas.

 

#3 Duerme más y pierde el tiempo a conciencia.

Nos pasamos el día corriendo y esclavizados por el reloj. Cansados y agotados tenemos poco tiempo para recuperarnos y descansar. Cuando éramos niños dormíamos mucho y perdíamos el tiempo con gran facilidad haciendo cosas intrascendentes. Si analizas tus rutinas seguro que hay hábitos inútiles que no te aportan nada y son totalmente prescindibles (hazte una lista y compruébalo). Utiliza ese tiempo en dormir y en “perder el tiempo”. Dormir 8 horas es un buen comienzo. O alguna siesta. Piensa también en cómo quieres perder el tiempo: tumbarte a mirar las nubes es genial. ¡Ah! Perder el tiempo implica no pensar en otras cosas. Si miras las nubes piensa en las nubes. Y lo principal. Los niños no se sienten culpables por dormir o por perder el tiempo.

 

#4 Desconecta “todo lo posible” del mundo adulto.

Cuando éramos niños no nos importaba demasiado la actualidad, ni las noticias, y nuestros padres nos alejaban con aquella frase “- ¡Niño! Eso son cosas de mayores”. Tal vez sea el momento de limpiar nuestra mente y pasar de la televisión, de la actualidad, de los programas y sites de noticias (que son como las telenovelas, dejas de verlas una semana y en un día vuelves a enterarte de todo, porque siempre es lo mismo). Además de evitar todos aquellos contenidos que no nos aportan nada. Piensa que los medios nos transmiten una imagen del mundo sesgada y negativa que nos lleva a percibir la realidad peor de lo que realmente es. Si no te gustaría que lo vieran tus hijos pequeños no lo veas tú. Este hábito también se puede extender al exceso de tiempo en whatsapp, en redes sociales, en Internet, etc… Y así ganarás tiempo para dormir más y para perder el tiempo a tus anchas.

 

#5 Vuelve a creer en la magia.

De niños el “pensamiento mágico” era una forma ingenua pero imaginativa de enfrentarnos a la realidad. Igual que los pequeños rituales que creábamos para conseguir cosas. Y aunque pueda parecer una tontería era una poderosa manifestación de fe y de voluntad. ¿Cuándo dejaste de creer en la magia? Vuelve a creer en ella y a interpretar el arquetipo del mago en una sociedad de imposibilidades. Recuerda que el mago hace que las cosas ocurran. No importa que sea un truco. Lo importante es lo que nos hace creer y sentir.

 

A partir de aquí puedes explorar tú también en tu niñez y descubrir más hábitos, que estoy seguro, que te serán muy útiles.

 

Por Javier Salso.