Abrazar el vacío

“La Naturaleza aborrece el vacío” decía Aristóteles. Un principio que durante muchos siglos alimentó la Física como un absoluto: el “horror vacui”. Principio éste que explicaba muchos fenómenos y encajaba en la cosmología religiosa judeocristiana (pese a que Dios creó de la “nada”). A partir de Newton comienza a cambiar la visión del vacío, y hoy sabemos que la mayor parte del Universo es “vacío”. La física cuántica ha comenzado a atisbar las paradojas y misterios que el vacío contiene. Una nueva visión del vacío presente muchos siglos antes en el taoísmo y el budismo, donde el vacío no es la nada absoluta, sino el todo. El vacío entendido como la realidad más profunda de las cosas, y donde buscar el vacío en la realidad aparente es buscar su verdadera esencia.

Pero en nuestra cultura occidental nuestra mente sigue aborreciendo el vació. Tememos el vació y la nada. Por eso llenamos nuestra mente de ideas e información sin parar. Nos cuesta mucho meditar porque ello implica “vaciar” nuestra mente y “no pensar en nada”. Pero no sólo llenamos nuestra mente de ideas, llenamos también nuestra vida de cosas y experiencias sin parar. De distracciones constantes. Sin detenernos ni siquiera a pensar si nos aportan algo, si nos ayudan a vivir mejor o son sólo una forma de escapar del vacío “existencial”. Decimos que no queremos “sentirnos vacíos” cuando en realidad lo que ocurre es que nos “sentimos sin sentido”. Buscar el vacío es buscar la esencia de la realidad y de nuestro verdadero yo. Cuanto más nos llenamos de todo menos espacio dejamos a la nada. El ego es una construcción de nuestra mente que también aborrece el vació. Por eso nuestra sociedad consumista es perfecta para su desarrollo y crecimiento, mientras que el ego no existe en el vació.

Así que, si queremos abrazar el vacío, debemos comenzar por hacerle espacio en nuestra vida, y en nuestra mente. Porque no nos engañemos. El vacío también necesita su espacio. ¡Mucho espacio!. Tal vez podemos comenzar cambiando algunos de nuestros hábitos cotidianos para liberar espacio y eliminar distracciones. Por ejemplo, dejar de seguir la actualidad, al final es como una telenovela, siempre es lo mismo. Y ya puestos, por qué no dedicar menos tiempo a pensar en la política, la religión, las ideologías, los gurús, las modas y dedicar más tiempo a meditar y a la espiritualidad. También podemos tratar de comprar menos cosas, sólo lo que realmente necesitamos (y deshacernos de objetos inútiles). Evitar lo superfluo en lo que compramos y en las cosas a las que dedicamos nuestro tiempo, como por ejemplo Internet, las redes sociales, whatsapp… ¿tantas horas son necesarias?. Al igual que pensar demasiado en el pasado y en el futuro, que llena nuestra mente de pensamientos inútiles. Y aprender a aburrirnos y a disfrutar del silencio. El propio y el ajeno. Por otro lado vaciar un poco el estómago también ayuda a vaciar la mente. Esto unido a un poco de deporte nos ayudará a que nuestra mente fluya mejor. También es importante que poco a poco deje de molestarnos el sonido del vació en nuestra mente al pensar en nada. Porque no se trata de no pensar, se trata de “pensar” en nada. Y por último el ego. Conseguir desapegarnos de las cosas materiales, desapegarnos de nuestra identidad, tratar de ser espectadores en vez de creernos el papel que representamos en la vida, de relativizar, de no tomarnos todo tan en serio, ni como algo personal debilitará el ego y nos acercará a la experiencia del vacío. Una última cosa: acercarnos más a la Naturaleza es una experiencia interesante para comprender el vacío, porque creo que la Naturaleza no aborrece el vacío, sino que la Naturaleza ama el vacío, porque como el Universo está hecha de vacío, como la mayor parte de un átomo… y como nosotros mismos.

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