Abuelas

Cuando quedé huérfano de madre a los 5 años mis abuelas tuvieron que ocuparse de mi. De cuidarme, y de enfrentarse al abismo de mis heridas emocionales. Una tarea nada fácil para ambas mujeres. Porque mi abuela materna acababa de perder a su segunda hija. No imagino el dolor de perder en vida a un hijo, ¡pero enterrar a dos!… Por otro lado mi abuela paterna sufría de depresión y de un marido que tenía que compartir entre semana con otra mujer, con otra familia. Tenían excusa, tenían justificación, tenían derecho a no responsabilizarse de ese pequeñín. Podían haberse negado pero no lo hicieron, y jamás les escuché una queja o un reproche por ello.

Ambas representaron para mi un modelo de mujer y de coraje. Generosas, fuertes y valientes. Mi abuela Beatriz era bellísima, se parecía a Sofía Loren y vestía como una estrella de Hollywood en una época muy diferente a la actual por el qué dirán. Aprendió a conducir y tenía un Seat 600. Era sensible y le encantaban los perros y los animales.

Mi abuela Matilde tuvo un negocio y tenía un don para ponerse al otro lado del mostrador de cara al público. Sabía tratar a sus clientes desde la empatía, el tacto y con mucha inteligencia… en unos años de posguerra en los que no era nada fácil, y menos en un pequeño pueblo. Se ganó el respeto, el cariño y el afecto de sus vecinos. En ese pueblo yo era “el nieto de la Matilde”.

Ellas eran mujeres sí, pero lo importante aquí no es su “género” sino sus valores y sus acciones. Enorgullecerse de “ser hombre o mujer” (algo que evidentemente no elegimos) me parece absurdo, necio y cobarde. Cobarde en el sentido de escudarse detrás de una pancarta, de una etiqueta de “género” en vez de luchar desde uno mismo, desde lo que te diferencia y te hace único.

Lo realmente importante en la vida es lo que hacemos, nuestras acciones, nuestra forma de inspirar y ayudar a otros… lo que nos hace humanos, porque la humanidad hay que ganársela. Y eso es algo que mis abuelas hicieron toda su vida. Desde antes de nacer yo, y hasta el final de sus días. Porque no eligieron ser mujeres, eligieron ser personas y vivir una vida propia ganándose su humanidad y su alma. Ambas serán eternas en mi memoria mientras viva, al igual que el agradecimiento por todo lo que hicieron por mi.

2 comentarios

  1. Vero dice: Responder

    Llevaba mucho tiempo sin asomarme a ver qué traía tu cofre, demasiado, y hoy, una noticia muy triste para ti, me ha traído hasta aquí. Una vez más, es maravilloso leerte Salso, qué tontería dejarme llevar por la “falta de tiempo” y no parar medio minuto en tu manifiesto vital, con todo lo que aporta. No me extraña que con unas abuelas así, escribas así. Un abrazo de todo corazón.

    1. Javier Salso dice: Responder

      Mil gracias Vero, yo llevaba mucho sin escribir y no había entrado en el blog, pero hoy sí 😉

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