Crisis: peligro y oportunidad

Normalmente se atribuye al idioma chino tradicional el significado dual de la palabra crisis a través de los dos ideogramas que la componen, y que se traducen como “peligro” y “oportunidad”. Aunque según los estudiosos es un término prestado del japonés. Donde la palabra crisis (危機=kiki) está compuesta por los caracteres 危 (peligro) y 機(oportunidad). Tal vez porque los japoneses, al igual que otros pueblos y culturas asiáticas, siempre intentan encontrar beneficios incluso en situaciones difíciles. Eso le ha permitido a Japón resurgir después de la II Guerra Mundial o a China apuntar a convertirse en primera potencia mundial, si una nueva crisis no lo impide, o tal vez gracias a ella.

En cualquier caso resulta admirable una filosofía y espiritualidad construida sobre la observación de los ciclos naturales (como ocurre en el Taoísmo), y el tomar como referencia periodos más largos que el «hoy» como ocurre  en occidente. Entender que el Universo funciona de forma cíclica, desde el movimiento de los astros, las propias estaciones, o las mareas… Lo cual nos permite adelantarnos, adaptarnos y mantener una actitud positiva hacia los cambios. En el fondo se trata de fluir con ellos, en vez de naufragar ante el empuje de la ola que nos amenaza, aprovechando la energía de las olas a nuestro favor igual que hace un surfista.

La clave está en anticiparse y prepararse. El propio libro del Génesis en el capítulo 41 nos habla de la importancia de la anticipación a través del sueño del faraón sobre las 7 vacas gordas y las vacas flacas. Sobre los ciclos de abundancia y de hambruna. Aunque en nuestro sistema económico y social de maximización del beneficio queremos crecer siempre, queremos que la abundancia no se detenga, que sea infinita… sin ciclos. Y eso, como bien sabemos, no es posible. El sistema económico es cíclico, pero nos negamos a que las cuentas de resultados lo sean. Y claro, no invertimos en prepararnos para las vacas flacas. Ni en lo personal, ni en lo empresarial, ni en lo social. El cortoplacismo económico, social, político y medioambiental imperante convierte cada crisis en un peligro mayor que el anterior.

Y lo peor de todo es que nadie quiere escuchar un mensaje que es de sentido común. Como en el Mito de Casandra, la cual tenía el don de poder ver las desgracias que el futuro deparaba a los griegos, pero que fue condenada por Apolo a la maldición de no ser creída por nadie. Como en sus predicciones sobre la propia caída de Troya o la muerte de Agamenón.

Y así hasta hoy. Donde preferimos escuchar los cantos de sirena, tan agradables como engañosos, en vez de escuchar las predicciones de Casandra. Optamos por vivir despreocupados en la zona de confort de la abundancia, hasta que llega la crisis y somos incapaces de aprovechar las oportunidades que nos depara, más allá de los evidentes peligros que no quisimos escuchar.