Cuento “colaborativo” (I)

En Madrid la distancia entre Barcelona y Cádiz se reduce a girar una esquina. Como el Atlántico y el Mediterráneo una calle comienza o termina en la otra. Según lo mires. Ambas son pequeñas y están llenas de vida, balcones con persianas que se enrollan con cuerda y los típicos bares del centro.

Precisamente en uno de esos bares me sucedió algo extraño e inquietante. Y que me tiene viviendo una vida que no es la mía. Acudí a tomar un vino y un pincho como tantas veces. Me senté en la barra. Pedí un Ribera del Duero y la tapa era jamón con colines ¡Bien!. Comencé a mirar sin que lo notaran a la gente que estaba en las mesas comiendo. Disfruto observando discretamente. No se les escucha pero puedes imaginar por sus gestos de lo que están hablando. Y entonces sucedió algo.

En una de las mesas, en un rincón, una pareja comía tranquilamente. Hasta aquí todo normal. Lo curioso es que el hombre era clavado físicamente a mi. Seguro que te ha pasado alguna vez. Encontrarte en algún lugar a tu doble. Me quedé petrificado ante el espejo que era su rostro. Era yo. Salvo la ropa. Él no llevaba gafas, yo sí. Pero hasta los dos nos habíamos afeitado esa mañana. No se cuanto tiempo pasó hasta que el desconocido se giró como si percibiera mi mirada fija sobre él. Y entonces se quedó tan perplejo como yo. Le costó retirar la mirada, pero la mano de la mujer tiró de la suya reclamando su atención. Los siguientes minutos ambos intercambiamos miradas furtivas de reojo…

Y hasta aquí puedes leer… porque te propongo que me ayudes a continuar esta historia. Deja tu comentario sobre qué te sugiere, qué te inspira o cómo le darías continuidad…

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