Ser uno con nuestro cuerpo, lenguaje y emoción

En Coaching se entiende al ser humano desde una visión integral conformada por tres subdominios (cuerpo, lenguaje y emoción), que en realidad son uno cuando están alineados y son coherentes entre si. La analogía con la Santísima Trinidad cristiana es evidente: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios”, luego el Verbo se hizo hombre (cuerpo), y por último, el Espíritu Santo, del que en la Primera Carta a los Corintios se afirma que “habla a los corazones de la gente”. En el ser humano el Verbo es el lenguaje con su capacidad creadora y generativa de mundos y posibilidades. El lenguaje como pensamiento en acción. Pero el lenguaje y el pensamiento viven y se materializan en un cuerpo físico que nos acompaña durante toda nuestra vida y nos permite experimentar el mundo desde los sentidos, así como interpretar comportamientos y disposiciones. Luego están las emociones que sentimos, que están en constante interacción con los demás y nuestro entorno. Y que nos envían mensajes y nos ayudan a través de sus preguntas implícitas.

La coherencia entre estos tres subdominios nos acerca a nuestra naturaleza “divina” o hace vibrar al polvo de estrellas del que estamos hechos porque “el cosmos está también dentro de nosotros. Estamos hechos de la misma sustancia que las estrellas” citando a Carl Sagan. Aunque si queremos alcanzar esa coherencia es necesario ser conscientes. Conscientes de los tres subdominios y de la importancia de todos ellos. Así como la necesidad de integrarlos en nuestra vida cotidiana desde la coherencia, la humildad y la autenticidad. Siguiendo con la visión cósmica del hombre existe un antiguo proverbio serbio que dice: “Sé humilde pues estás hecho de tierra. Sé noble pues estás hecho de estrellas”.

¿Cómo alcanzar la coherencia e integrar los tres subdominios para hacer de la persona un Todo? La verdad es que en otras culturas y tradiciones espirituales éste es un tema central que se trabaja desde la vivencia cotidiana. Pero en nuestra “Modernidad líquida”, como tan acertadamente definió el recientemente desaparecido Zygmun Bauman, todo es inestable, nada perdura, y prima la inmediatez, la incertidumbre, el materialismo y el relativismo moral. Cuerpo, lenguaje y emoción se han convertido en medios para vender más, no en fines para vivir mejor.

El lenguaje se vacía de significado y profundidad, ya sea en un twit, un slogan publicitario, o un emoticono de whatsapp… Nunca el lenguaje estuvo tan carente de contenido y sobre todo, de emoción. Por eso hay que volver a ser conscientes de que el lenguaje es Verbo, es creador, y tiene el poder de generar realidades. Así como de afectarnos “físicamente” a nosotros y a los demás. Las palabras que utilizamos, su intención y la emoción que ponemos en ellas tienen una vibración específica capaz de afectarnos a todos emocionalmente. Hay que recuperar el lenguaje desde la emoción y la autenticidad, y hacer que el lenguaje no sólo fluya desde las palabras que pronunciamos sino desde el cuerpo y la emoción. Porque cuando el lenguaje dice una cosa, y nuestras emociones y nuestro cuerpo quieren decir otras, sufrimos, no nos sentimos bien. Incluso enfermamos. Porque el ser humano es un todo conectado.

Las emociones también se han convertido en mercancías al servicio del sistema socioeconómico. Nos dicen qué sentir, cuándo, cómo y dónde debemos hacerlo, y sobre todo, qué hay que comprar asociado a cada emoción. En vez de educarnos emocionalmente para aprender a gestionar nuestra emociones, se usan en nuestra contra, como el miedo constante a todo y a todos que nos transmiten los medios de comunicación.

Y el cuerpo, tan maltratado como los otros dos subdominios. Maltratado y mercantilizado desde la superficialidad. El cuerpo debería ser nuestro templo, no lo cuidamos por dentro, y lo utilizamos por fuera como un oportuno maniquí para adquirir infinidad de productos y servicios carentes de sentido. Y es una lástima, porque el cuerpo es una herramienta de comunicación magnífica. Dejarnos llevar y traducir el lenguaje y la emoción al lenguaje del cuerpo es increíble. Así como aprender a escuchar lo que nuestro inconsciente nos dice en infinidad de ocasiones a través de nuestro cuerpo.

Piensa en cuando experimentas la emoción del amor, y te lleva a pronunciar las palabras “Te quiero, eres una persona maravillosa”. Te emocionas más y abrazas al otro, de corazón a corazón… el cuerpo vibra, transforma la emoción en algo físico, en una lágrima de alegría que condensa emoción y lenguaje. Y tu mente se siente en el aquí y el ahora. No hay nada más. Ni pasado ni futuro. Por eso puedes sentir resbalar por la mejilla esa lágrima, su cálida humedad por la suave piel de tu rostro. Repites “Te quiero”, abrazas más fuerte y sonríes por dentro. Cuerpo, lenguaje y emoción están totalmente alineados y eres plenamente consciente de ello. No te hace falta un regalo material para comunicarlo, sólo utilizar tu cuerpo, tu lenguaje y tu emoción de forma que sean Uno. Ahora imagina hacer esto de forma continuada. En tu vida diaria. Con tus amigos, con tu familia, en tu trabajo… sí en tu trabajo también. Olvidar el condicionamiento cultural y ser uno con tu cuerpo, tu lenguaje y tu emoción. ¿Qué crees que ocurriría? ¿Por qué no pruebas?

Es por eso que en Coaching se presta atención a los tres subdominios del coachee. Porque los tres nos transmiten una valiosa información, de los tres aprendemos, los tres nos ayudan a generar opciones y desarrollar acciones específicas. Y sobre todo, porque cuando los tres están alineados podemos alcanzar cualquier objetivo que nos propongamos y entender que realmente todos estamos completos y tenemos las respuestas dentro de nosotros.

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