Los 40 de Apple y la eterna juventud

Apple cumple 40 años. Muy bien llevados. Y para celebrarlo ha lanzado un “álbum de hitos” sobre sus 4 décadas de existencia. Una retrospectiva tan veloz como efímera es la tecnología. Muchas palabras en pantalla salvo una, la más importante. La persona que ha hecho de Apple lo que es: Steve Jobs (supuso un hito en la fundación de la compañía y lo fue todavía más a la vuelta del destierro, por lo que imagino que su imagen se recordará en otras campañas y celebraciones)Las marcas suelen tener mala memoria y, como la sociedad misma, reverencian la juventud y a la vez les atemoriza envejecer. Que no es otra cosa que el miedo y la negación de la muerte.

Por eso, todo lo que se acerca a ese no-momento para los occidentales es rechazado, repudiado y apartado. Vivimos en el palacio del príncipe Siddharta, en una reclusión ilusoria que nos impone la sociedad a la que pertenecemos. Una actitud infantil que nos hace vivir en “modo bonsay”El síndrome de Peter Pan elevado a dogma social. Una sociedad inmadura y narcisista que se caracteriza por su arrogancia, irresponsabilidad, inseguridad, el miedo a no ser queridos y aceptados…

No dejamos de envejecer por negar las leyes de la termodinámica y del Universo mismo. Pero sí dejamos de crecer como personas. Porque los valores se adquieren con la edad, igual que el aprendizaje basado en la experiencia. O la oportunidad de cambiar y evolucionar… Detener el tiempo vital es como no dejar fluir el torrente de un río. Es corromper el curso de la existencia, estancarla, pudrirnos en vida. Vivir negando es terminar muriendo sin haber vivido. Jorge Manrique lo expresaba magistralmente en las “Coplas a la muerte de su padre” con su verso: “Nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar que es el morir”.

Tememos a la muerte, pero no nos da miedo no vivir. Y esta inmadurez existencial está haciendo que nos perdamos lo que cada década tiene de único y maravilloso. Los 20 no son los 40, ni estos los 80. Pero cada década proporciona experiencias y aprendizajes distintos. La vida es un proceso y la edad un contador, no una condena. Es humano querer vivir más tiempo, mantener en óptimas condiciones nuestra salud, nuestro físico y en parte nuestra imagen… pero no es natural querer parecer que eres un veinteañero a los 40. El culto a la juventud nos ha robado la magia de la vida. Y lo peor es que no nos enseñan desde pequeños a saber cómo vivir y disfrutar de todas las estaciones de este viaje maravilloso. Con sus pérdidas y sus ganancias.

Tampoco en el mundo profesional y de la empresa se pone en valor y se aprovechan las distintas etapas. Hay que parecer joven. Hay que comportarse como un joven. Hay que vestirse como tal… todo para no ser expulsado del mercado laboral. Ser desechado y olvidado.

Por eso también muchas personas importantes en la historia de las marcas, y ya fallecidas, son “olvidados”. Porque las marcas y las empresas aspiran ser eternas, y los muertos no venden. ¡Pero nada es eterno! Decía el agente Smith en Matrix: “Todo lo que tiene un principio tiene un final”. Pero sólo cuando hacemos presente y somo plenamente conscientes de la muerte podemos liberarnos de ese miedo y apreciar verdaderamente lo único que es responsabilidad nuestra: vivir la vida, de principio a fin, disfrutando y atesorando cada etapa. Perdamos el miedo a la muerte para, por fin, atrevernos a vivir.

Por Javier Salso.