¡Gracias!

Gracias al día en el que mi madre de cristal estalló en mil pedazos.

Gracias al niño abandonado y aturdido que no comprendía nada.

Gracias al adolescente colonizado por la ira y esclavizado por el miedo a la pérdida.

Gracias a todas las mujeres que sufrieron a mi lado y huyeron despavoridas.

Gracias a la soledad, a la falta de autoestima y a la nada existencial.

Gracias al vacío que me tragaba cada día y me escupía temblando cada noche.

Gracias al dolor insípido y gratuito que fluía por mis venas.

Gracias a todos por haber pasado por mi vida.

Gracias a todos por haberla abandonado.

Pero sobre todo, gracias a lo profundo de la herida

por la inmensa sensación de libertad que experimento

cuando paso la yema de mis dedos por la áspera cicatriz.

Deja un comentario