“Hiperrequetecool”

Hace unos días compartía la tarde con un gran amigo y hermano adoptivo. Una persona observadora, curiosa e intuitiva, lo que alimenta su constante hambre de aprender. Sabe escuchar y hacerse escuchar. Bueno, pues mientras paseábamos por el centro de Madrid, íbamos conversando y observando e intuyendo con curiosidad lo que ocurría a nuestro alrededor: pequeños detalles, lugares a los que nunca miramos como las cornisas de los edificios (un ejercicio magnífico en Madrid donde cada barrio es único) , las tiendas, los gestos y comportamientos de la gente, y sobre todo, las conversaciones. En una de ellas, una pareja joven admiraba un par de zapatos en un escaparate y ella exclamo: ¿Has visto? ¡Son hiperrrequetecool! Ante esa expresión nos miramos los dos asombrados ¡Magnífica palabra! . He de decir que además de amistad, compartimos profesión. Ambos somos publicitarios. Él es director creativo y yo planificador estratégico. Trabajos en los que, como en tantos otros, la observación, la curiosidad y la intuición son imprescindibles.

Pero no sólo son imprescindibles en el mundo del Marketing y la Publicidad, lo son casi en cualquier profesión (y también en las personas, a las que hace mucho más interesantes). Porque estos tres atributos “todavía” nos diferencian de esa nueva fuerza laboral que va ocupando los trabajos que antes realizábamos los humanos. La digitalización, la robótica, la automatización de procesos carecen de estas tres importantes cualidades humanas. Observación, curiosidad e intuición son capaces de generar aprendizaje, de potenciarlo, y unido a la capacidad de abstracción humana, de dotarnos una capacidad creadora maravillosa. También está la serendipia, definida como “aquel descubrimiento o hallazgo afortunado e inesperado cuando se está buscando una cosa distinta”, que en realidad, no es tan casual o afortunada. Se apoya en el trabajo (“La inspiración siempre me encuentra trabajando” decía Picasso), y se nutre nuevamente de mucha observación, curiosidad e intuición.

Ahora bien, vivir constantemente enganchados a una pantalla, a Internet, a todo tipos de redes sociales y plataformas digitales no se si es la mejor forma de alimentar y facilitar la observación, la curiosidad y la intuición. La gente no ve la vida pasar mientras caminan hipnotizados por su smartphone. Es cierto que en lo digital confluyen infinitos estímulos y conocimientos. Aunque los mismos para todos. Demasiado cocinados y casi masticados. No nos exigen un excesivo esfuerzo intelectual. Enseñar no es transferir conocimiento, es crear la posibilidad de producirlo (esta idea no es mía, es de Paulo Freire).

Necesitamos tener una dieta basada en estímulos y vivencias de calidad. Y no hay mejor lugar que explorar el mundo real, la vida de “verdad”. Que no se cuantifica en bits sino que se experimenta en carne y hueso. Más allá de lo digital o lo virtual. Porque como en el título de la novela de Kundera “la vida está en otra parte”. O de lo contrario la vida será lo que pase mientras estamos inmersos y absortos en la Matrix digital. Que es un magnífico lugar, siempre y cuando no terminemos atrapados en él y le demos el momento, el espacio y la importancia justa en nuestra vida.

Por lo tanto, seamos curiosos y alimentemos nuestra curiosidad. Hay una palabra preciosa en el diccionario de la RAE que es “gulusmear” que en una de sus acepciones significa “curiosear, husmear”. Seamos gulusmeros.

Observemos la vida distraídamente pero sin que nada nos distraiga. Mientras transcurre y nosotros formamos parte de ella (es buen ejercicio salir a pasear, a recorrer la ciudad, a tomar una cerveza… sin ningún dispositivo digital, ni móvil, ni tablet, ni nada).

Dejemos que nuestra intuición emerja y procese todos los estímulos obtenidos. La intuición es una poderosa arma si conseguimos reconciliarnos con nuestro inconsciente y aceptamos que es la parte más grande y oculta del iceberg que es nuestra mente. Aprendamos a escuchar sus mensajes.

Además, a día de hoy, creo que no hay nada más “hiperrequetecool” que hacer estas tres cosas.

 

Por Javier Salso.