¡Independízate!

Independízate de la idea de que perteneces a la tierra donde naciste, y de que se es más libre formando parte de la manada. Uno nace en un lugar por pura casualidad. Enorgullécete de lo que no es casual en ti sino fruto de tu pasión, tu esfuerzo y tu trabajo. Lo que depende de ti. Lo que te hace única.

Independízate de las religiones, los gurús y los profetas. Deja de creer en la experiencia de los elegidos y busca tu propia experiencia espiritual. Aliméntala. Escúchala. Reflexiona. ¡Despierta! Y se consciente del milagro de estar vivos. Hay una frase muy bella de Schopenhauer que dice que: “A excepción del hombre, ningún ser se maravilla de su propia existencia”.

Independízate de las ideologías, los políticos, y los fanáticos. Todos esos que anteponen las ideas a las personas, sobre todo sus ideas. Sus ansias de poder, su falta de humanidad y empatía se nutren del enfrentamiento y la división de los demás. No caigas en la dualidad. Ignóralos sin más.

Independízate de los pobres de espíritu, de los que viven de hacer de menos a los demás para tratar de ser ello más. No les odies. Se compasiva aunque te hieran. Se ejemplo. Se un espejo en el que merezca la pena mirarse. Brillar tú es la mejor forma de ayudarles a liberarse del sufrimiento en el que se encuentran.

Independízate de los dogmas, de los porque sí, de los “esto es lo que hay”. Rumí, el poeta místico persa decía que tenemos que “vender inteligencia y comprar asombro”. La razón es un medio, no un fin en si mismo. Es la intuición, la curiosidad, la creatividad y el constante asombro ante el universo infinito que nos rodea lo que nos permite mantenernos jóvenes.

Independízate de buscar la aceptación y aprobación de los demás. Las personas que de verdad merecen la pena son capaces de ver todo lo bueno que hay dentro de ti. De luchar por hacerte mejor persona. Y de disculparse cuando se equivocan. Y tú, eres una de esas maravillosas personas que son un regalo cuando nos las cruzamos en la vida. ¡Por eso te doy las gracias!.

Independízate de las emociones que no te hacen sentir bien. Escucha lo que quieren decirte y déjalas marchar. Escúchalas pero no vivas en ellas. No vivas en el miedo, en la ira, el enfado, el rencor, la envidia… sólo hay una emoción en la que merece la pena hacerse un refugio con vistas al mar y a la montaña: el amor.

Y si con todo y con ello no eres feliz… Independízate también de estas líneas y escribe las tuyas propias. Como en ese poema de Bukowski: “y reinventa tu vida porque así ha de ser; es tu vida y tu historia y el presente te pertenece sólo a ti”.

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