La única verdad

– ¿Y qué es la verdad? – le preguntó de forma retórica Pilatos a Jesús. La gran pregunta que todos nos hacemos. Es difícil responder cuando ni siquiera el Universo funciona con una única verdad. La Física clásica tiene su verdad y la Física cuántica tiene la suya. A día de hoy no hemos sido capaces de unificar y reconciliar ambas verdades en una teoría unificada de la Física. Por ejemplo, en la Física cuántica el observador afecta al hecho observado, la conciencia afecta al comportamiento de las partículas. Mientras que en el mundo real eso no ocurre. Pero ambos hechos son ciertos. Cuando saltamos del mundo de la Física al mundo de las ideas nos encontramos con algo similar. Infinidad de sistemas religiosos, filosóficos, políticos, ideológicos… y cada uno de ellos propugna su propia verdad. Pero a diferencia de lo que ocurre en la Física (la Física clásica y la cuántica coexisten en armonía, porque al final son partes de un todo) los sistemas creados por los humanos se enfrentan y entran en conflicto con suma facilidad. Muchos de ellos son incompatibles por sistema con otros (como las religiones o las ideologías políticas), o tratan de expandirse, de conquistar, de demostrar (cuando es indemostrable, ni falta que hace) que la única verdad es la suya. Dogmatismo y relativismo como dos extremos o actitudes vitales ante la verdad, y los extremos están más próximos de lo que parece. Dos sistemas de verdad y no-verdad enfrentados y que han sido y son causa de sufrimiento y dolor a lo largo de la historia de la humanidad.

Desde mi punto de vista la única verdad es que cada persona tiene la suya propia. Y eso no es malo porque la verdad es necesaria para vivir. El problema es cuando deja de ser una herramienta y se convierte en un fin en si mismo para los seres humanos. Los dogmáticos tratan de convencer a los demás, por las buenas o por las malas, de que su verdad es la única verdad verdadera. El relativismo por el contrario nos hace caer en un peligroso vacío existencial y espiritual al negar cualquier tipo de verdad. Tal vez simplemente la teoría unificada de las verdades humanas está en vivir nuestra propia verdad sin tratar de imponerla a nadie, ¡vive tu verdad y deja que los demás vivan la suya propia!. Porque todas las verdades lo son y no lo son a la vez (nada es verdad, nada es mentira, todo depende del cristal con el que se mira). El mundo cuántico a través de la Teoría de cuerdas propugna que la realidad es un tapete de posibilidades infinitas que se materializan al desplegarse. Un mar de posibilidades sin fin donde todas son verdad, todas tienen en si mismas el principio de realidad. Reducir la vida a verdades únicas e irreconciliables no solo es peligroso, es antinatural. Porque existen tantas verdades como posibilidades. Y tenemos que aprender a hacerlas coexistir respetando todas ellas. Los humanos somos parte de un todo, y cada persona en si misma es también un infinito de posibilidades por desplegar. Como explica el Bhagavad Gita ¿Acaso una gota de agua es distinta del vasto océano? Es parte de él y a la vez comparte las características del todo.

Victor Frankl en su libro El hombre en busca de sentido decía que “La última de las libertades humanas, que no pueden quitarte, es elegir tu camino”. Lo que también podríamos expresar como “elegir y vivir tu verdad”. Hacerla tuya pero sin imponérsela a otros. Y lo que es más importante. Siempre podrás buscar y cambiar tu propia verdad. Porque si el Universo mismo no deja de cambiar, evolucionar y expandirse, ¿por qué no puedes hacerlo tú, cuando eres parte de él, una pequeña gota del inmenso océano de la vida?

P.D.: para todos aquellos que quieran saber más sobre Física cuántica de forma divertida les recomiendo dos películas “Las vidas posibles de Mr. Nobody” y el documental “¿Y tú, qué sabes?”.

Por Javier Salso.