Un año fuera de la zona de confort. Un año que agradeceros a todos…

Acabo de cumplir un año. Un año fuera de la zona de confort. 12 meses desde que salí de Grey Spain. Y ha sido duro, durísimo, pero también infinitamente enriquecedor. Miro hacia atrás y no me reconozco. Hoy soy otra persona, y me siento orgulloso. Ya no vivo en esa zona de confort que era mi trabajo fijo, mi sueldo fijo, mi seguridad fija. Fija hasta que dejó de serlo, como todo en la vida. Aunque durante muchos años lo fue (y tal vez no lo valoré lo suficiente). Tuve una psicóloga que me decía respecto a las relaciones de pareja que “uno no busca fuera lo que tiene dentro”. Creo que también es válido para nuestras relaciones profesionales. Por eso en muchas ocasiones de la zona de confort profesional no se sale, “te echan”.

Una vez fuera me encontré en tierra de nadie. Confundido, perdido, y dándome cuenta de que los proyectos se diseñan muy fácilmente sobre el papel, calentito en el despacho de tu imaginación y con un ego profesional bien alimentado. Pero no es lo mismo crear un plano en el despacho que ponerse a trabajar en la obra, no es igual ser arquitecto que obrero de la construcción trabajando a la intemperie. ¡En absoluto!

A día de hoy hago balance y siento que me encuentro en una zona de crecimiento. Luchar endurece los músculos, sobrevivir forja el carácter. Antes la nómina a final de mes la daba por sentada, ahora cada ingreso es una celebración. Cada entrevista de trabajo una esperanza. Lo valoras todo mucho más, lo vives con mayor intensidad. Cada logro conseguido, cada kilómetro recorrido.

Y lo que más valoras es a todas esas personas que te ayudan, con las que emprendes proyectos, algunos triunfan y de otros se aprende. Personas y marcas que han estado presentes de distintas formas. Algunas ofreciéndote oportunidades profesionales, otras simplemente dándote ánimo a través de un mensaje en LinkedIn. Incluso de las que no responden a un mensaje, aprendes. Aprendes que no cuesta nada un par de palabras sinceras, yo soy el primero que antes pensaba “qué pesada esta persona con sus mensajes ofreciéndome cosas…”. Hoy lo entendí porque me puse literalmente en el lugar del otro. Ahora comprendo que el silencio puede ser desesperante, y que bastan unas pocas palabras de ánimo (no digo ya que te ofrezcan un trabajo, un proyecto, una entrevista..) para continuar. Por eso a todos vosotros gracias de todo corazón.

Aunque si hay alguien que merece mi agradecimiento más que nadie es mi familia. A ellos sólo puedo decirles “lo que soy es por lo que somos” Gracias por ayudarme a crecer. Gracias por ayudarme a no rendirme. Gracias por ser propósito y camino. ¡Siempre!