El liderazgo comienza por uno mismo

Ayer asistí a un OpenSpace organizado por AECOP Madrid para reflexionar acerca de los nuevos modelos de liderazgo en la sociedad emergente. Una temática recurrente hoy en día en las empresas y organizaciones, en los medios, en libros y artículos o en las escuelas de negocio. Reflexiones que en muchos casos se articulan en torno a lo que no funciona y a las causas y al cambio de paradigma que estamos viviendo. Y donde la transformación digital juega un papel fundamental, al igual que las nuevas generaciones globales (Millennials y Generación Z). Pero de nada de esto quiero habla en este artículo.

Me interesa más lo que no ha cambiado en siglos, por no decir milenios, en la esencia del buen líder. Explorar aquello que se ha mantenido inalterable generación tras generación, y que explica un modelo de liderazgo intemporal y no sujeto a las circunstancias, modas y cambios sociales. Un liderazgo arquetípico que diría Jung. En definitiva un liderazgo que todos llevamos dentro y podemos desarrollar.

 

1. Aprender a amar.

Un líder de verdad lidera desde el amor, no desde el miedo y las emociones que derivan de éste. “Amar al prójimo comienza amándose a uno mismo”. Si no somos capaces de amarnos y respetarnos como personas no podremos hacerlo con los demás. Si sólo nos amamos a nosotros mismos no seremos líderes, nos convertiremos en tiranos. Amar es salir de nosotros mismos.

 

2. Tener y compartir un porqué.

El auténtico líder tiene un porqué (en Coaching se pregunta ¿Para qué? en lugar de ¿Por qué?. El ¿Para qué? genera acción y proyecta hacia el futuro. ¿Por qué? mira hacia el pasado y sirve para excusarnos. El Porqué esta anclado en el Ser y nos mueve a Hacer. El porqué es un sustantivo masculino que equivale a esa causa, motivo o razón que nos empuja y nos guía…). Decía Nietzsche que “Quien tiene un porqué siempre encuentra un cómo”. Simon Sinek desarrolla magistralmente este concepto en su libro “La clave es el porqué”, y cómo el porqué del líder es capaz de motivar y ser adoptado también por otros.

 

3. Conocerse a uno mismo.

Inscrito en el pronaos del templo de Apolo en Delfos. El famoso oráculo nos alerta de la necesidad de tomar consciencia de lo que somos. Ser conscientes de ese microcosmos que cada persona es en si misma. Conocerse a uno mismo es trascender lo individual, el propio ego. Y desde ese punto el liderazgo se convierte en una misión no individual sino colectiva. Además, conociéndose a uno mismo podremos conocer a todos los hombres, como apuntaba Hobbes en su Leviatán.

 

4. Gestionar emociones.

En línea con los puntos anteriores cómo se pueden gestionar emociones ajenas sin la habilidad para reconocer, aceptar y gestionar las propias. Es entonces cuando aparece la empatía, la simpatía y la compasión. Primero somos capaces de ponernos en el lugar del otro. Luego simpatizamos y hacemos nuestro lo que el otro siente. Hasta llegar a la compasión en el sentido búdico del término, reconocer el sufrimiento ajeno y querer mitigarlo, querer que cese. La compasión no es compadecerse, es actuar. El líder compasivo actúa para ayudar a los otros.

 

5. Desarrollo y transformación.

Para solucionar los problemas y carencias de otros es preciso resolver las propias (situación en la que tantos gurús, políticos y líderes caen). Sin superar nuestros problemas y contradicciones personales difícilmente podremos transformar a los demás. El líder que brilla, que ha superado el proceso alquímico interior, es el que es capaz de inspirar y servir de espejo para otros. El auténtico liderazgo es transformador. No esclaviza, sino que libera. Sirve de ejemplo y de referente profesional, vital, espiritual…

 

6. Capacidad de liderarse a si mismo.

En resumen, podríamos decir que lo que nos hace líderes de verdad es la capacidad de liderarnos a nosotros mismos. Y esa capacidad no es exclusiva de unos pocos elegidos o llamados. Está en todos y cada uno de nosotros. Y empoderarse es aceptar la responsabilidad y el reto de esa tarea. Algunos luego llevarán el liderazgo más allá de las fronteras de su propio ser. Ayudando así a otros con su ejemplo. Ya sea en la familia, en un grupo de amigos, en una empresa o en cualquier otro tipo de organización social.

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