La luz que llevas dentro

El amanecer, el alba. La primera luz del día. Ese periodo que transcurre desde que los primeros rayos del Sol iluminan el horizonte hasta que el astro rey majestuoso se despereza y lo inunda todo. Tolkien decía que “El amanecer es siempre una esperanza para el hombre”. Simboliza todo lo bueno que está por venir si creemos en ello. Si somos capaces de mirar con los ojos del corazón, los ojos del alma.

Existen personas que en una semilla sólo ven lo diminuto de la promesa que encierra. Otros en cambio se maravillan ante el gran árbol que contiene, ante el universo que está listo para desplegarse. Como la lámpara de Aladino. Nuevamente el símbolo de la luz que alumbra al hombre y le concede el deseo y la posibilidad de transformarse. Cual alquimista que transforma el hierro en oro, la ignorancia y la oscuridad en iluminación y realización. Pero para ello debemos aprender a “mirar” con otros ojos. Una vez me dijiste “Papá, yo no te veo como eres, veo lo que realmente eres”. Me dejaste asombrado. A tus 8 años eras ya capaz de percibir la luz invisible e infinita que ilumina el alma, y no la de los sentidos que se extingue cada día al atardecer. Por eso, amada hija recuerda siempre que tu nombre está hecho de luz, la luz de la esperanza que es la del amanecer. La promesa de que puedes ser todo lo que tú quieras ser.

Hay un texto de Marianne Williamson (que utilizó Mandela en un discurso y también en la película Entrenador Carter) que te ayudará en tu vida: “Nuestro miedo más profundo no es que seamos inadecuados. Nuestro miedo más profundo es que somos poderosos sin límite. Es nuestra luz, no la oscuridad, lo que más nos asusta. Nos preguntamos: ¿quién soy yo para ser brillante, precioso, talentoso y fabuloso?. Cuando en realidad la pregunta es: ¿quién eres tú para no serlo?. Eres hija del universo. El hecho de jugar a ser pequeño no sirve al mundo. No hay nada iluminador en encogerte para que otras personas cerca de ti no se sientan inseguras. Nacemos para manifestar la gloria del universo que está dentro de nosotros. No solamente en alguno de nosotros: está dentro de todos y cada uno. Y al dejar brillar nuestra propia luz, inconscientemente damos permiso a otras personas para hacer lo mismo. Porque al liberarnos de nuestro miedo, nuestra presencia automáticamente libera a los demás”.

Es por eso que te invito a que busques tu propia luz y no te dejes llevar por las tinieblas y miedos de aquellos que no encontraron todavía la suya propia. No les odies, no les guardes rencor. Se compasiva y ayúdales a brillar brillando tú. Recuerda siempre que la pequeña llama de una vela es suficiente para hacer desaparecer la oscuridad que inunda una habitación entera. ¡Brilla! ¡Brilla!. No es difícil, porque tu luz forma parte de tu corazón, de tu alma y de tu nombre.

2 comentarios

  1. Verónica dice: Responder

    Probablemente el mejor legado y aprendizaje que puede enseñar un padre.
    Maravilloso, muchas gracias.

  2. Javier Salso dice: Responder

    ¡Muchas gracias Vero! 😉

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