Mandalas para curar la miopía vital

Hace no mucho llegué a los 40. Una frontera vital que te invita a reflexionar. Ese ecuador existencial en el que no eres tan mayor como para no querer mirar hacia delante, ni tan joven como para no tener un camino recorrido que contemplar. Yo no sufro la crisis de los 40 sino más bien creo que es la mejor década de mi vida (hasta que llegue a los 50, momento en el que pasará a ser esa la mejor década). La reflexión sobre lo que ya he vivido, y lo que quiero vivir, me hizo tomar varias decisiones importantes. Una de ellas fue comenzar a escribir este blog. ¡Mi manifiesto vital! Un cofre que recoge el aprendizaje pasado y se proyecta hacia el futuro. Fue como diría Jung una forma de comenzar a reconciliarme con mi “sombra”, esa que tiene forma de niño de 5 años que acaba de perder a su madre y se convirtió en un Peter Pan de cristal al mando de mi subconsciente. Suelo utilizar esa famosa cita de Jung que dice: “Hasta que el inconsciente no se haga consciente, el subconsciente dirigirá tu vida y tú le llamarás destino”. Un mantra existencial que me guía y no dejo de recordar cada día. 35 años me costó comenzar a dialogar con ese niño y con ese momento clavado en lo más profundo de mi alma.

Otra de las decisiones que tomé desde el umbral de los 40 fue la de formarme como Coach (y en ello estoy). Una apuesta decidida por mi desarrollo personal y profesional. Y que ha significado dejar de tener respuestas para comenzar a hacerme preguntas. Preguntas poderosas. Esas que te remueven y son catalizadores internos. El Coaching para mi está suponiendo un viaje, arquetípico como el que emprende el héroe descrito por el mitólogo Joseph Campbell, con sus 12 etapas y que aparece de forma recurrente en grandes películas y novelas. Y siempre es un éxito porque está presente en nuestra vida y nos llama de forma recurrente cada cierto tiempo. Aunque nuestra sociedad nos invita a no escuchar la llamada y a rechazarla, lo que nuevamente genera frustración y negarnos a hacer consciente lo inconsciente… yo sí he aceptado la llamada y he pasado del mundo ordinario al mundo especial gracias al mentor, bueno, a los diferentes mentores en forma de excelentes formadores. Y sobre todo gracias a los aliados que he encontrado en mis compañeros, compañeros de “viaje”, héroes anónimos también en busca del cáliz artúrico. Ahora supongo que estoy comenzando a salir de mi “cueva interior” con nuevas habilidades y temeroso de lo que me espera en Ordalía, sabedor, que todos los viajes del héroe conllevan muerte y resurrección (Mateo 16:25. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí causa, la hallará). Para los que quieran adentrarse en el viaje, además de “El héroe de las mil caras” de Campbell, existe otro magnífico libro de Christopher Vogler titulado “El viaje de un escritor” y que es fuente de estructuras narrativas para guionistas y novelistas.

– ¿Y lo de la miopía vital cuando llega?-  Se preguntará algún que otro lector. Escribir de noche cuando mi pequeño mundo duerme hace que de rienda suelta a las emociones desde la claridad del día cumplido (vamos que me enrollo más). Todo lo que ahora pasa hasta que cerramos los ojos es un regalo, es alargar el día no por obligación, sino por un desvelo elegido. Un portal abierto a un tiempo que no existe, más que en nuestra imaginación. Y hoy este tiempo quería dedicarlo a contar lo que descubrí de una herramienta de Coaching que aprendí y experimenté en primera persona en una clase: el Mandala. Una herramienta cuyo objetivo es ayudar a las personas a que identifiquen su visión individual y hacer que ésta les permita alinearse con ellos mismos y con sus objetivos. Se suele utilizar cuando el coachee (el coach es el que acompaña y ayuda en su viaje de superación al héroe poniendo siempre el foco en él) está en un proceso de cambio y reto en su vida. Es una herramienta creativa en su forma y que hace protagonista a nuestra imaginación. Formalmente nos invita situarnos en el futuro para describir nuestra visión, esa situación ideal que es el faro de nuestra vida. Existe un anuncio reciente de Audi que se titula “Comandante” sobre un astronauta retirado que ha llegado a la vejez y cuya vida fue algo tan intenso que ya nada puede compararse… el anuncio termina con la Luna en el horizonte y la frase “Cuanto más lejos esté tu sueño, más lejos te hará llegar” (“Starman” de David Bowie sonando lo hace épico). ¡Pues eso es la visión! mirar lejos, apuntar a la Luna si hace falta, e imaginar que la hemos alcanzado al fin… para luego, en un segundo cuadrante, visualizar lo que hemos necesitado aprender, qué habilidades, qué competencias… En el tercer cuadrante situamos los lastres, los frenos que nos impedían avanzar, los obstáculos que tuvimos que superar, el cómo afrontamos y superamos nuestros miedos. Por último, en el cuarto, reflejamos lo que nos da la energía, nos mueve, nos motiva y nos empuja.

Precisamente Jung  introdujo el uso de los Mandalas en occidente y fue pionero, en su caso, en utilizarlos como instrumento terapéutico. Jung pensaba que la creación de un Mandala permite la expresión visual de la psiquis en ese preciso instante. Destacando su efecto calmante y sanador gracias a que es capaz de sacar a la luz y mostrar el conflicto, pero también expresar orden e integración.

¡Ya lo se! ¿Dónde encaja la miopía vital aquí? Pues en darnos cuenta del valor tan importante que tiene para el ser humano tener una visión, aunque sea inalcanzable, aunque sea imposible… sólo el hecho de tenerla nos permite proyectarnos en ella, visualizar que la alcanzamos, imaginar que ya estamos allí, y gracias a eso, tomar consciencia de lo que nos motiva, de lo que necesitamos y, sobre todo, de lo que nos lo impide y nos frena, que normalmente también tiene su origen dentro de nosotros.

Y es que en la sociedad actual no tenemos “visiones”, eso es de locos o de desequilibrados, sólo tenemos objetivos. Muy racionales, y muy a corto plazo, pensar en el medio plazo ya es un tarea titánica… sin pensar que la visión es personal, nos hace únicos y nos hace libres. Nos libera. Nos mueve a la acción y nos ayuda a crecer como personas y profesionales. No se trata de vivir en una ensoñación de futuro. Se trata de orientar nuestro hoy desde algo más grande y valioso que esa cotidianeidad vacía que nos diseñan los medios de comunicación, la cultura, los políticos… y sobre todo, nosotros mismos.

La gran pregunta es ¿qué persona quieres ser?, ¿la de tu visión o la que vive en este presente continuo vacío de significado existencial?. Desgraciadamente la mayoría sufre de miopía vital. No es capaz de ver bien de lejos. Se encuentran ensimismados en alguna pantalla, como ésta sí, y no son capaces de atreverse a entrever esa visión que todos llevamos dentro. Pero por suerte podemos ponernos gafas, u operarnos de miopía haciendo nuestro propio Mandala para volver a ver bien de lejos… Tan lejos como queramos que nos lleve nuestra visión.

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