Los “otros” millennials y los empleos del futuro

Yo no voy a hablar sobre cuáles serán los empleos del futuro. Ni dónde estarán los nichos de empleo, o dónde las mejores oportunidades laborales. A este respecto tenemos infinidad de estudios e informes que cada año analizan las tendencias profesionales y hacia dónde nos dirigimos. Yo voy a hablar de quienes ocuparán esos futuros empleos, y también, de quienes no lo harán.

En muchos estudios y artículos se ha esbozado la radiografía “laboral” de los Millennials, y también cómo es su relación con el nuevo paradigma profesional. Ellos no sólo lo encarnan y personifican, sino que son la respuesta del sistema al nuevo modelo socioeconómico y productivo. Es una generación diseñada a medida. Perfecta para lo que viene, o para lo que ya está aquí. Sus valores, su forma de pensar y comportarse, su relación con el trabajo, con el emprendimiento, con la creatividad, y sobre todo, con la tecnología, hacen que sean una fuerza laboral óptima. Óptima para convertirse en insiders, en los nuevos CEO´s de las multinacionales, en las mentes brillantes, creativas y emprendedoras que el sistema va a necesitar. En resumen, en grandes generadores de PIB.

Los “primos” de los Millennials:

Existe otra generación paralela a la de los Millennials que también está llamada a ocupar su lugar en el nuevo paradigma económico y en la generación de PIB. Una generación que, al igual que sus primos, también son generación del milenio, y comparten algunas de sus características: no les importa trabajar 24/7 porque el trabajo es parte de su ADN, y no una carga. Pueden cambiar de dirección con rapidez y sin apego a nada. Se adaptan bien a los cambios. No les preocupa la jerarquía o la retribución. Son colaborativos y siempre están en “Modo BETA” (respecto a esta tendencia imprescindible el magnífico informe World in Beta de PWC.

Pero existe una diferencia muy importante, esta nueva generación no está hecha de Carbono, es una generación de Silicio. Y aunque ya han comenzado a trabajar, por ahora lo están haciendo de forma muy “mecánica” en trabajos que requieren poca “inteligencia” pero que incrementan la productividad de forma exponencial.

Amazon compró en 2012 la empresa robótica Kiva por 775 millones de dólares. En 2013 desplegó 1400 robots Kiva. Y según les dijo Jeff Bezos a los accionistas, en 2015 tendrán a su servicio más de 10.000. WIRED nos muestra cómo es la jornada laboral de los Kiva.

En julio de 2014, el aeropuerto de Düsseldorf presentó el primer aparcacoches robótico del mundo. Los clientes dejan su coche y un robot lo recoge y aparca el vehículo en una de las 249 plazas de aparcamiento destinadas a tal fin. El sistema se conecta a la base de datos de vuelo del aeropuerto para que el cliente pueda tener su vehículo esperándole justo a su vuelta.

También en 2014 fue contratado OSHbot en la cadena de componentes electrónicos Orchard de California. Los robots cuentan con un escáner 3D para identificar los artículos comprados por los clientes y comprobar si las piezas de recambio están en stock. Están programados para hablar Inglés y Español.

Mientras, en Japón, Nestlé está probando un asistente robótico de servicio al cliente para asesorar sobre Dolce Gusto. Los ensayos comenzaron en diciembre del año pasado, y se espera que durante 2015 sean desplegados los robots en 1.000 tiendas.

Nao un autómata que habla 19 idiomas y fue presentado por un banco de Tokio como asistente en cajeros y otros servicios. O los visitantes del parque temático de Sasebo en Nagasaki, podrán alojarse en el Henn-na Hotel, el primer hotel del Mundo atendido por robots.

Se nos dice que debemos amar a esta generación de Silicio porque nos están haciendo la vida más fácil, véase el “Internet de las cosas”. O proporcionando un mejor servicio al cliente, más rápido, más eficaz, más personalizado y más económico. Pero sobre todo, debemos amarlos porque liberarán a los humanos de los peores trabajos, de los más “alienantes” y repetitivos… pero también les liberarán de sus ingresos ¿no es así?.

¿Falta empleo?

En 2013 la Universidad de Oxford publicó su estudio “The future of employment: how susceptible are jobs to computerisation?. Dirigido por Carl Benedikt Frey y Michael A. Osborne dejaba titulares bastante “alarmantes”, pero que pasaron totalmente desapercibidos a una opinión pública más ocupada en otras cosas. Entre sus conclusiones destacaban:

“El 47% del empleo total está en situación de alto riesgo, ya que muchas de sus ocupaciones son susceptibles de ser automatizadas en una o dos décadas”

“En una primera fase lo serán la mayoría de los trabajadores del sector transporte y de la logística, los administrativos, y en general, todos los relacionados con la oficina, y aquellos vinculados a los procesos de producción y fabricación”

Además de constatar un dato que hoy se ha quedado ya pequeño: “El mercado de robots para servicios personales y domésticos está creciendo un 20% anual (2013)”.

El estudio pone también de manifiesto que no es sólo en la base de la pirámide laboral (telemarketing, atención comercial, hostelería, construcción…) donde los empleos serán sustituidos por robots. Sino también en la parte media de la pirámide afectando a periodistas, profesores, e incluso abogados, como ya ponía de manifiesto el NYT en 2011 en su artículo Armies of Expensive Lawyers, Replaced by Cheaper Software”.

Por su parte, la industria militar y espacial trabaja de forma acelerada en la construcción de drones y robots capaces de nutrir sus plantillas. Aunque el verdadero reto es la inteligencia artificial, cada vez más presente en los principales laboratorios del mundo, en las pesadillas de algunos científicos como Stephen Hawking que alertan del peligro que supone para nuestra especia, y también, en las pantallas de cine.

¿O sobran seres humanos?:

Pero este tema no es nuevo, en 1.995 el economista estadounidense Jeremy Rifkin en su ensayo “El fin del trabajo. El declive de la fuerza del trabajo global y el nacimiento de la era posmercado” ya plantea el incremento de la productividad en las sociedades modernas provocado por la tecnología, y cómo este fenómeno hace que cada vez sea necesaria menos fuerza laboral.

Las soluciones que proponía Rifkin como la reducción de la jornada laboral o el reparto del trabajo no han funcionado. Otras como el “Ingreso anual garantizado”, similar a la Renta Básica Universal, cada vez aparece más en los medios y en los programas de los partidos políticos. Aunque se antoja como una renta de subsistencia destinada a que no aumente la conflictividad social a corto plazo, pero que no soluciona el problema.

Otros autores como Richard Florida, experto mundial en creatividad y en Management, acuñó el término de “La Clase Creativa” en el libro del mismo nombre “La clase creativa. La transformación de la cultura del trabajo y el ocio en el siglo XXI”. La tesis central de Richard Florida es que desde comienzos del siglo XXI ha surgido en los países desarrollados una nueva clase social: la clase creativa. Un amplio grupo compuesto por científicos, arquitectos, diseñadores, profesores de universidad, escritores, músicos, artistas… Todos aquellos para quienes la creatividad es fundamental en su trabajo en una empresa, o en sectores como el educativo, el sanitario… o en cualquier otra profesión.

Podríamos decir que esta nueva clase creativa sería la más inmune a la sustitución tecnológica, y se corresponde en visión y valores con los Millennials o con cierta élite de éstos. Aunque no todos podemos ser profesionales creativos…

Quizá lo único que nos quede por hacer es sustituir a los políticos por robots eficientes que sean capaces de solucionar la ecuación “vital” que se nos plantea a los humanos los próximos años: exceso de mano de obra “humana”, escasez de recursos naturales, reparto desigual de la riqueza, y más de 7.000 millones de habitantes.

¿Hacia dónde nos dirigimos?:

Por último, para todos aquellos que quieran profundizar más les recomiendo el estudio de PWC “España en el Mundo 2033”. Un ejercicio de prospectiva que detalla el paso de la sociedad de la producción a la de la innovación

Aunque pone el acento en España, el análisis de los escenarios mundiales está explicado ampliamente, y desarrolla distintos escenarios geopolíticos y geoeconómicos. Dentro de las seis grandes tendencias que transformarán el mundo aparecen tres que ya hemos mencionado: la innovación como base de todo, la sostenibilidad (menos recursos y más costosos) y las nuevas estructuras sociales y demográficas.

Es muy interesante el capítulo referido a los “Cisnes negros” que podrían cambiar el rumbo del Mundo, porque precisamente uno de ellos, convertiría el problema en “solución”: un fallo tecnológico masivo.

Por Javier Salso.