Paternidad “Millennial” o padres en “Modo Beta”

La paternidad, al igual que ser hombre, ha cambiado mucho. Somos conscientes que ser padre en el siglo XXI no tiene nada que ver con la forma en la que ejercían la paternidad nuestros padres y abuelos. Lo vemos a diario a nuestro alrededor, y por supuesto, en series, películas y campañas de Marketing y Publicidad, como My Dad de Hersheys. Y en parte, hay 2 grandes tendencias que han contribuido de forma decisiva a este cambio, y que nos ayudan a entenderlo:

Tendencia 1. “Los Millennials han dejado de ser una generación para convertirse en una actitud”:

Los Millennials como primera generación global de la historia están influyendo y dando forma a los paradigmas sociales y económicos existentes. Gracias a ellos, y aunque a veces no seamos conscientes, todos tenemos ya algo de millennial, independientemente del año en el que nacimos. Su influencia ya se deja notar en el mundo del trabajo y en las empresas. Un nuevo paradigma profesional se extiende lentamente, a la vez que los primeros CEO´s millennial irrumpen y tratan de poner en práctica sus ideas, modelos de negocio y visión de la economía. Los Millennials han trascendido su generación para convertirse en una actitud vital global.

Y esa forma de ver y experimentar el mundo no sólo está afectando a los padres millennials, sino que también está redefiniendo las relaciones paterno filiales de la Generación X. Podemos identificar 4 grandes rasgos que caracterizan a esta nueva paternidad:

1º Entendemos que ser buenos padres significa estar ahí para nuestra familia y anteponer las necesidades de la familia a las propias. Eso nos hace estar mucho más presentes en la vida de nuestros hijos y más involucrados en el cuidado diario de los niños, incluso haciendo cosas que hasta ahora eran más propias de las madres como la conciliación familiar. Lo que convierte a la paternidad en mucho más igualitaria que generaciones anteriores. Y facilita un clima de igualdad con nuestras parejas en el hogar, pero como elección personal apoyada en un sistema de valores y creencias.

2º Enseñamos y ayudamos a nuestros hijos a ser ellos mismos, a probar cosas nuevas y a estar más abiertos al mundo. Ya no queremos que nuestros hijos sean de mayores una extensión de nosotros mismos. Preferimos que tengan mente abierta. Que sean empáticos. Y que adquieran juicio crítico para poder ser capaces de cuestionárselo todo. Esto afecta a su vez a la forma de entender la educación y los valores a transmitir a los hijos. Y sobre todo a no educar desde el miedo sino desde la responsabilidad.

3º Nos estresa no llegar a ser el papá perfecto. Lo cual no es siempre positivo, porque conlleva imponernos mayores expectativas. Y eso nos genera una mayor ansiedad que trasladamos a una búsqueda constante de información, y nos hace ser padres sociales y permanentemente conectados. Además de googlelizar la paternidad.

4º La paternidad se entiende como una gran aventura vital. Una aventura que vivimos en familia, y que nos provoca orgullo de ser padres. Porque la paternidad, como la felicidad no es un destino, es un camino. Un camino que se recorre en compañía.

Tendencia 2. “La tendencia de -Vivir en modo Beta- se traslada también a la forma en la que vivimos la paternidad”:

La realidad es muy dinámica y cambiante, “líquida” como de manera brillante definió Zygmun Bauman la sociedad postmoderna en la que vivimos. Y eso nos obliga a estar en un constante aprendizaje, a ser muy flexibles para poder adaptarnos. Vivir en modo “beta” permanentemente nos hace estar abiertos a cambios que mejoren nuestras capacidades, a estar atentos a lo que debemos mejorar y especialmente a ser curiosos. Porque la curiosidad suele derivar en aprendizaje. Considerarse siempre en modo “Beta” nos permite absorber todo el conocimiento que nuestra curiosidad nos facilite.

Y esta actitud vital, que Internet ha permitido y potenciado, está muy relacionada con el paradigma de la paternidad millennial y el anhelo de convertirnos en el “papá perfecto”. Pero también con la paternidad como aventura vital, con la necesidad y exigencia de aprender constantemente,  de creer firmemente en que en el mundo de la paternidad, como en la vida, nunca te acostarás sin saber una cosa más. Y eso es tan apasionante y enriquecedor, como ser padre. Aunque todo esté por aprender.

En resumen, gracias a la actitud Millennial y a Vivir en Modo Beta los padres, independientemente de la generación a la que pertenezcamos, estamos aprendiendo por fin una gran lección de vida:

“Cuando eres padre no hay dos días iguales en tu vida, porque nuestros hijos hacen que cada día aprendamos algo nuevo. Que cada día sea una experiencia única… Pero a la vez, los padres también podemos hacer que no haya dos días iguales en la vida de nuestros hijos”

Por Javier Salso.