Pokemon GO y la estupidez aumentada

Cada vez se hace más patente que la sociedad occidental se ha infantilizado hasta niveles nunca vistos. El éxito de Pokemon GO es una de sus últimas manifestaciones. Realidad aumentada para cazar personajes virtuales por cualquier rincón de la ciudad desde los móviles, y compartir después la experiencia en redes sociales. Los entusiastas de este tipo de aplicaciones argumentan que gracias a ellas la frontera entre lo real y lo digital desaparece. Aunque sinceramente creo que lo único que hacen es introducirnos más si cabe en un mundo de ilusión.

Imagino a Buda (el que ha despertado) debajo del árbol Bhodi con un smartphone cazando pokemons y renunciando a la iluminación. Es cierto que no todos podemos alcanzar la iluminación como Buda, pero al menos deberíamos tratar de no caer en una mayor ilusión de lo que la propia vida ya es. La vida es sueño sí, pero es que estamos entrando en un “coma digital” que nos impide concentrarnos en la exploración de los dos mundos que nos son propios. El mundo exterior, con todas las maravillas y experiencias que nos ofrece, y sobre todo, el universo interior que habita en nosotros. La meditación nos ayuda a explorar el universo interior y a hacernos mas conscientes de todo lo que nos rodea. Y esta exploración siempre ha sido una necesidad espiritual propia de las personas adultas, no de los niños.

Pero esta sociedad infantilizada, que se niega a crecer, evita interpretar las distintas etapas vitales de la existencia. Todo es “juego”, todo es “social”, todo debe ser fácil, para “dummies” y para ser felices al modo de los innumerables gurús de la new age y de las campañas de publicidad. El problema de esta sociedad infantilizada que se niega a madurar es que está indefensa ante la vida real. El sistema inmunológico social está tan debilitado que somos presa fácil del matón del barrio, que en esta sociedad tan “cool” se encarna de muchas formas: extremismos religiosos e ideológicos, poderosas corporaciones globales y un sistema político y económico alejado de las personas. Al final, lo que estamos aumentando no es la realidad, sino la estupidez humana. Ya lo dijo Einstein: “Hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy seguro”.