Todos somos iguales (pero algunos más iguales que otros)

Sí creo que todos somos iguales… independientemente de nuestro género o cualquier otra condición humana.

Creo en la igualdad en derechos y obligaciones. Porque mi libertad termina donde comienza la tuya. Y a la inversa también, cosa que todos olvidamos con facilidad en busca de derechos “ilimitados”.

Creo que la Ley debe velar para que cada persona pueda desarrollarse en igualdad de condiciones y oportunidades, y llegar por sus propios méritos (respetando a los demás) hasta donde se proponga. Pienso que las cuotas no crean igualdad real, sino que discriminan y excluyen el talento, el trabajo, el esfuerzo y la excelencia de las personas que la cuota deja fuera (“Un mal no justifica otro mal” como me enseñó mi abuela).

Creo que la desigualdad no se soluciona creando nuevas desigualdades, sino eliminando éstas y protegiendo a todas las personas en el ejercicio de sus derechos y libertades.

Creo por ello que todos deberíamos ser “absolutamente” iguales ante la Ley. Y que las leyes que discriminan por género o cualquier otra condición sólo crean una nueva discriminación. Sobre todo cuando en vez de recoger y “penar” conductas individuales, lo hacen desde la pertenencia, por ejemplo, a un género específico (género que las personas no elegimos al nacer). Imaginemos que “como casi la totalidad de miembros de esa banda terrorista ya desaparecida eran vascos, se hubieran impuesto penas más altas a un terrorista por ser vasco que a uno de cualquier otra autonomía porque existía alarma social por las acciones de dicha banda” Además de ridículo, sería muy injusto ya que la inmensa mayoría de los ciudadanos vascos no cometían esos delitos, al igual que la inmensa mayoría de los hombres tampoco se dedican a maltratar a nadie.

Creo que la “discriminación positiva” es discriminación, da igual el apellido que le pongamos. Ya Orwell nos advirtió sobre los conceptos de doble lenguajedoble pensar en 1984.

Creo que crear dualidades sólo provoca división, y que esto no va de enfrentar a hombres y mujeres, sino de establecer una sociedad de personas libres e iguales en derechos y obligaciones, sin olvidar que cada persona es única en sí misma. Desgraciadamente la estrategia de Divide et vinces, divide ut regnes” (Divide y vencerás, divide para reinar) sigue siendo eficazmente utilizada hoy, como también hicieran en el pasado Julio César o Napoleón. Piensa a quién beneficia la división y a quién perjudica.

Creo que el fin no justifica los medios. Porque esa maquiavélica sentencia sólo encierra relativismo moral y una mentalidad psicopática. ¿Qué concepto de justicia y moralidad puede engendrar tal línea de pensamiento? ¿Qué sociedad puede salir de ella? La respuesta la conoces perfectamente, y la Historia de la humanidad también.

Para finalizar, el título de este artículo recoge la famosa frase que estaba situada a la entrada de la granja que aparece en la novela satírica de Orwell “Rebelión en la granja”. Que por desgracia presenta bastantes semejanzas con la sociedad actual, y no sólo con los regímenes Comunista y Nacionalsocialista a los que aludía. Y donde los que pretenden liberarnos de la opresión terminan convirtiéndose en los nuevos opresores.