De Disney, traumas infantiles y el Viaje del Héroe

Hace ya tiempo que me preguntaba por qué en la mayoría de las películas de Disney los protagonistas son huérfanos de padre, madre o incluso ambos. Desde Blancanieves hasta Elsa y Ana en Frozen es un suceso recurrente en casi todas las historias: huérfanos, adopciones, desapariciones, maltratos… Una de las explicaciones que se ofrecen es que en 1940 Walt Disney compró una casa a sus padres y envió a un equipo de operarios para que les arreglaran la caldera. Los padres se mudaron y hubo una fuga de gas. El padre pudo salvarse pero la madre de Disney falleció en el accidente. Se dice que al genio de la animación le acompañó la culpa el resto de su vida y el trauma se trasladó a sus películas.

La otra explicación gira en torno a como los guionistas utilizan el “Viaje del héroe” para construir historias infantiles, esa historia arquetípica que se repite en todas las épocas y culturas. El viaje del héroe es parte de nuestro inconsciente colectivo y representa un viaje iniciático de crecimiento, superación y desarrollo psicológico. Las películas de Disney tratan acerca de crecer y asumir responsabilidades, por eso la pérdida de los padres es un buen punto de partida para emprender ese viaje acelerado y llegar a ser quien hemos venido a ser en 90 minutos de metraje. Aunque esto no siempre ocurre. Muchos héroes malogran su viaje y, como Anakin Skywalker (de padre desconocido y cuya madre muere en sus brazos tras ser apartado de ella en su infancia), terminan en el lado oscuro por el camino del miedo, la ira, el odio y el sufrimiento.

Y aunque en las historias de ficción de los grandes estudios de Hollywood siempre se afronta todo de forma inspiradora, en la vida real los grandes traumas en la niñez no son nada fáciles de superar. Pensemos en los niños maltratados o que sufren abusos en su infancia. Arrastran sus traumas hasta la edad adulta y les marcan durante mucho tiempo. Algunos incluso se convierten a su vez en maltratadores o abusan de otros menores. Es una espiral o círculo vicioso del dolor que nos convierte en villanos al repetir el patrón aprendido a base de sufrimiento.

Yo perdí a mi madre con 5 años. El trauma fue muy fuerte, y aunque el viaje del héroe me llevó a buen puerto, y pude regresar con el “cáliz o el elixir”, no fue nada fácil. El elixir simboliza el aprendizaje conseguido, esa sabiduría que hay que llevar a los otros y compartirla con los que nos esperan en el mundo real, es la vuelta de Perceval con el Santo Grial a Camelot para hacer del mundo un lugar mejor. En mi caso lo que me ayudó fue la fuerza de voluntad y el amor (según el TAO “cuando el cielo quiere salvar a un hombre le envía amor”). Por eso creo que hay que superar ese círculo vicioso y darse cuenta que el trauma y la pérdida son anomalías y no maestros en la niñez, por mucho que la industria del entretenimiento se empeñe en ello. Los niños deben ser niños y actuar como niños, no como héroes.

Creo firmemente en que todos interpretamos en distintos momentos de nuestra vida nuestro particular “Viaje del héroe”. Pero a su debido tiempo. Y para ello hay que preservar la inocencia de la niñez y crear futuros héroes sanos, libres de traumas, miedos y sufrimientos innecesarios. No hay que obligarles a crecer o madurar antes de tiempo, eso no es natural ni correcto. Tampoco es necesario tratar de forzar artificialmente ese viaje arquetípico, porque precisamente al ser un arquetipo lo llevamos de serie en nuestro inconsciente personal y colectivo. Dejemos simplemente que, cuando sea el momento, ocurra sin más.

Y mientras, alejemos a nuestros hijos de la ficción, ya sea reciente o la de la toda la vida (como los cuentos clásicos), que trata de educar a través del miedo o las fábulas moralizantes y traumáticas. Rompamos esta espiral, superemos nuestros propios traumas, educación y experiencias… y eduquemos desde el amor y la responsabilidad. Por ellos, pero también por nosotros mismos. Porque el viaje del héroe, como no podía ser de otra forma, conlleva la resurrección de su protagonista en todas las mitologías.

Por Javier Salso.