El yin yang en la vida digital, más allá del Digital Detox

Cada vez pasamos más tiempo conectados a cosas. Y de igual modo cada vez más nos conectamos a las personas a través de “cosas”. Cosas que están conectadas digitalmente y que se convierten en intermediarios necesarios de nuestras relaciones personales, sociales y profesionales. Intermediarios tecnológicos de nuestras experiencias vitales: familia, amistad, amor, trabajo…

Al comienzo de la revolución en la que estamos inmersos el nuevo concepto de conectividad digital facilitaba el llenar tiempos “muertos”. Hoy ya no nos conformamos con llenar tiempos “muertos”, estamos sustituyendo el tiempo dedicado a experiencias cuyo “interface” era el de lo “real” por el digital. El internet de las cosas es en realidad el internet de las personas. Es el always on que está transformando toda nuestra vida en una experiencia virtual. Lo virtual ya no es peyorativo, constituye más bien el new normal de la cotidianeidad. Está de moda lo virtual en todos los órdenes, mientras que la realidad constituida por átomos se sustituye por experiencias que se miden en bits. Incluso el dinero pierde su identidad física y su reflejo en bits para ser totalmente digital, como ocurre con el bitcoin.

La realidad es que nuestro tiempo es limitado, y deberíamos ser conscientes de que cuanto más tiempo pasamos conectados, más personas y actividades son desconectadas de nuestra vida. ¿Dónde está el límite?. Lo más preocupante es que muchas de esas horas de conexión no aportan nada. Están vacías ¡y lo sabemos! No conectamos para alcanzar más conocimiento y sabiduría. Nos conectamos para consumir información sin más. Información ociosa y entretenimiento rápido. Una especie de “información basura” que nos hace apartar el foco de otras experiencias de más valor. Una hiperestimulación que no nos acerca al conocimiento y a la sabiduría. Porque este maremoto de información arrastra nuestra atención y la aleja de la reflexión y toma de conciencia, imprescindible para discernir la información valiosa de verdad y convertirla en conocimiento. Conocimiento que se transforma a su vez en sabiduría cuando lo asimilamos de tal forma que no sólo genera aprendizaje, sino acción desde el significado en nuestra vida cotidiana. Gurdjieff dijo alguna vez que “un cambio de estado de conocimiento, deber ir acompañado de un cambio de estado de ser”. Con lo que no sólo pasamos cada vez más tiempo conectados a cosas y menos a la “realidad”. Cada vez pasamos menos tiempo también conectados a nosotros mismos.

Una dieta cognitiva basura saturada de información no procesable en conocimiento, y por tanto, incapaz de generar aprendizaje para la acción y cambios en nuestro ser. Pregúntate: ¿cuál es tu dieta?, ¿es equilibrada en información, conocimiento y sabiduría?, ¿para qué te conectas al mundo digital?, ¿es un medio o un fin en si mismo?. Analiza si la conectividad ha mejorado tus relaciones personales realmente. Si eres mejor amigo o amiga, mejor pareja, mejor padre o madre… Si te ha convertido en un profesional más productivo y creativo, o en alguien prescindible y cuyo trabajo puede hacer una máquina “conectada”.

No se trata de desconectar. Eso sería imposible en el mundo actual, además de perdernos las grandes oportunidades que el mundo digital nos ofrece. Se trata de buscar el punto de equilibrio entre la vida real y la virtual. Lo físico y lo digital… Sin sustituir un mundo por otro. Por ejemplo, si estamos cenando en familia… ¿qué hacemos todos con el móvil y la tablet?. Si estamos en una reunión… ¿por qué no escuchamos en vez de estar contestando al whatsapp?. Se trata de fluir en equilibrio entre ambas realidades. De generar un equilibrio dinámico entre el yin y el yang de nuestra vida digital. Entre la dualidad de nuestra experiencia real y virtual. Siendo capaces de desconectar para conectar, y de conectar para desconectar.

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