Inconformismo en la zona de confort

Dicen que en la zona de confort no crece nada ¡Ni falta que hace! dirán algunos. Porque en ese estado mental que es la zona de confort se vive muy bien, se está cómodo, calentito…¿verdad? Y a la mayoría de los humanos nos gusta eso. Siempre hay “culos de mal asiento” pero no es lo habitual. El problema surge cuando te echan de la zona de confort o ésta desaparece. A veces lo hace lentamente y otras de forma súbita. Pero el resultado siempre es el mismo. Toca cambiar. Toca luchar. Toca pasarlas un poco canutas hasta que consigues una nueva zona de confort. Y lo se por experiencia propia ya que hace cuatro meses me despidieron de la compañía en la que había pasado los últimos 16 años. 

Mi abuelo decía que el problema de esta sociedad era el exceso de bienestar social. Y ese es precisamente uno de los peligros de la zona de confort. Que te acomodas, como en una relación de pareja, y entonces comenzamos a dejarnos, a cuidarnos menos… y eso es peligroso para la relación. Es natural acomodarse sí, pero sin que impida que nos cuidemos, nos apuntemos al gimnasio o actualicemos nuestros conocimientos, competencias y habilidades. No sólo por si un día hemos de salir de nuestra zona, sino por sentirnos mejor con nosotros mismos. Para crecer en una relación o en un trabajo es necesario sentirse cómodo, pero a la vez no dejarse, no confiarse, valorar lo que tenemos… y sobre todo, tratar de crecer y expandir nuestra zona de confort.

Otra cosa es que en ocasiones habitamos zonas de confort profesional junto a otras personas que no les apetece mucho tener a inconformistas en su zona de confort, que no quieren que la zona crezca y se expanda. Porque en muchas organizaciones el inconformismo incomoda a los que están cómodos haciendo lo que hacen. Esto ocurre con las relaciones, en las empresas y también en las marcas. Marcas conformistas con clientes conformistas igual a cierre por defunción del target. Marcas inconformistas para inconformistas, éxito asegurado hasta que alguna de las dos partes se acomoda demasiado. Con lo que volvemos al comienzo.

¿Cuál es la estrategia ideal? La del punto de equilibrio. La de buscar la comodidad pero sin renunciar a un cierto punto de incomodidad mental que nos haga mantenernos activos y vivos. O como en una relación de larga duración, valorar tanto el confort conseguido como para cambiar y crecer un poquito cada día porque merece la pena estar ahí con esa maravillosa persona. Y si un día se termina. El viaje habrá merecido la pena. Y nuestra existencia no se habrá limitado a pasar por ella cómodamente. Sin más.